Palabras de agradecimiento por parte de Stefanía Flores Cartes, Titulada de Ingeniería Comercial FACE

Lunes 20, Enero, 2020

Muy buenos días, Sr. Rector Mauricio Cataldo, Pro rector Fernando Toledo, Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales Sr. Benito Umaña, Secretario académico, Sr. Manuel Crisosto, Director de la Escuela de Ingeniería Comercial, Sr. Eduardo Castillo, Directores de departamentos, académicos, funcionarios, compañeros, familiares, respetable audiencia presente.

Es muy grato reunirnos este día y marcar un hito en nuestro camino profesional, siendo esta, probablemente la última instancia en que estaremos todos reunidos. Hoy termina una etapa, pero comienza otra, concluimos un ciclo, damos por finalizado un capítulo, nos despedimos de personas y lugares que tal vez ya no frecuentaremos, pero que han formado parte importante de nuestra vida por algún tiempo. Habiendo dicho esto, es precisamente hoy en esta conmemoración, que creemos apropiado e indispensable, agradecer.

Y agradecer primeramente a Dios, por concedernos vida y salud, por todas las puertas que abriste y también por aquellas que a nuestro favor cerraste. Gracias por habernos permitido llegar a esta instancia, uno de los eventos más importantes en la vida de un ser humano.

Agradecer a nuestros profesores, por sus exigencias que, si bien al principio nos parecieron un tanto hostigosas, luego al reflexionar aprendimos que esas exigencias nos permitieron demostrar aquellas capacidades que tal vez se encontraban escondidas dentro de nosotros, despertando la creatividad, motivando el aprendizaje integral y estimulando, la curiosidad y la investigación. Vuestra labor es muy valiosa.

Agradecer a la Universidad, no sólo por entregarnos la oportunidad de estudiar, sino también por haber expuesto lo mejor de cada uno de nosotros, formando personas íntegras y capaces de aportar con valores a la sociedad.

Y por sobre todo, queremos enfatizar nuestro sentir y agradecimiento, a quiénes sin duda son los primeros gestores de nuestra educación. Pues si bien, cada uno de nosotros nos hemos esforzado por alcanzar nuestras metas, consideramos aún más imprescindible en esta ocasión, valorar y destacar el esfuerzo que hicieron nuestras familias para entregarnos esta oportunidad, este privilegio, de llegar a ser profesionales. En este sentido y en representación de todos mis compañeros y compañeras, quiero agradecer a todos los padres que están detrás de cada uno de estos ingenieros e ingenieras comerciales. Gracias por soportar nuestras rabietas, por entender nuestros colapsos y permitir nuestros ritmos que, en algunos momentos, no nos dejaban compartir con quienes más queríamos. ¡No les hemos fallado, y tampoco nos hemos fallado a nosotros mismos!

Y es en este momento, que vienen a mi mente innumerables instancias en que compartimos y disfrutamos. Como no recordar, aquel primer día de clases en que llegamos asustados y ansiosos a la vez por enfrentar un mundo diferente, del cual se nos hablaba constantemente durante nuestra etapa secundaria, pero para nosotros un universo totalmente desconocido, la mayoría llegó quizás sin conocer a nadie, analizando las caras de nuestros nuevos compañeros e imaginando quiénes pasarían a ser nuestros mejores amigos durante esta etapa: la universidad. O como olvidar esa ocasión cuando recién ingresábamos a primer año y fuimos partícipes del ceremonial mechoneo, anduvimos cerca de un mes, algo atemorizados, vistiendo nuestra ropa menos preciada y atentos a cuando llegaría el día en que nos irían a buscar a la sala para dar comienzo a toda una aventura, algo abrumadora, pero a la vez divertida, de la cual algunos lograron escapar y una experiencia que otros recordamos con alegría.

Recuerdo también, los trasnoches de algunos, en casas de nuestros compañeros o en las salas de estudio de la universidad, por aquellos certámenes cuando nos parecía jugarnos la vida y, tras tanto estudio, quedábamos en blanco y pensábamos haber olvidado todo, entregándonos finalmente, a la suerte o a las manos de Dios. O las frustraciones, las tantas veces que no recibíamos la nota esperada, la rabia cuando sentíamos que algo había sido injusto, las ganas de claudicar. Pero aquí estamos, con la frente en alto, considerando por experiencia propia, que los esfuerzos no son en vano.

Cuando escogimos esta carrera, sabíamos lo difícil que sería abrirse camino entre tantos profesionales, en muchos casos, tuvimos que enfrentar opiniones que trataban de hacernos ver que era una carrera colapsada. Sin embargo, quisiera decirles: ¡No nos hemos equivocado! Porque los ingenieros comerciales, tenemos un papel preponderante en la sociedad. Una sociedad sin información ya sea, económica, estadística, financiera, administrativa y publicitaria adecuada, irremediablemente se estanca, sus autoridades quedan ciegas, sus emprendedores comienzan a temer, la ciencia y la tecnología se vuelven inalcanzables y la historia se convierte, simplemente, en letra muerta. He aquí, la relevancia de nuestra profesión.

Y estoy segura de que para ninguno de nosotros ha sido fácil llegar al día de hoy. Durante el transcurso de la carrera nos fuimos encontrando con distintos obstáculos tanto en lo académico como en lo personal, pero el que estemos aquí el día de hoy implica que no solo fuimos capaces de adquirir conocimientos teóricos, sino que, además, obtuvimos herramientas que nos ayudaron a fortalecernos y a continuar dando la lucha en momentos que quizás nos sentimos flaquear. Pudimos generar redes de colaboración con nuestros compañeros. Y en el fondo, de eso se trata un poco la vida universitaria, no solo implica adquirir teorías, sino que también conmovernos con las experiencias de los otros, compartir las nuestras, y a través de este intercambio enriquecedor, crear lazos.

Compañeros, compañeras y desde hoy, oficialmente colegas. Crecer duele, sin duda. Pero al mismo tiempo no podemos evitar entusiasmarnos por la nueva etapa que hoy empieza. Nuevos sueños, nuevas metas y retos, nuevas personas y nuevos lugares. Hoy recibimos ese anhelado “cartón” que certifica que logramos cumplir con cada una de las etapas del proceso formativo. No obstante, la aventura continúa. En la escalera todavía hay peldaños por subir. Ciertamente, la universidad nos entregó las herramientas adecuadas, pero dependerá de nosotros utilizarlas correctamente para mejorar nuestro país. Y es frente al reciente estallido social que esto cobra aún mayor sentido y relevancia. Es evidente que en nuestra sociedad existen injusticias y situaciones que todos quisiéramos cambiar. Y es que valores como la independencia, la justicia y la solidaridad se han plasmado en segundo término en un contexto económico en que prima el beneficio y el lucro. Pero a pesar de esto, no nos desanimemos, los problemas no son señales de alto, sino guías en el camino. Los obstáculos siempre estarán ahí, la clave está en saber superarlos.

Finalmente llega el momento de despedirse y decir adiós a la Facultad de Ciencias Empresariales, adiós a la vida universitaria pero quisiera hacerlo, extendiéndoles una invitación, a cada día perseguir como objetivo no sólo ser mejores profesionales, sino que por sobre todo, a ser mejores personas.

Y no olvidemos nunca, la siguiente operación aritmética que nos enseñó Malala, una joven que tan sólo a sus 17 años de edad fue galardonada con el premio Nobel de la paz…

“Un joven + un libro + un lápiz + un maestro, pueden cambiar el mundo. La educación, es la única solución”

Y ahora, cuando nos pregunten: ¿Qué estudiaste? Responderemos con fuerza y mucho orgullo: Ingeniera Comercial ¡la mejor carrera del mundo!”